Hay vidas que solo se entienden escuchando música. La de Félix Vera es una de ellas. Durante quince años en la isla continente fue dejando constancia de lo vivido en versos nacidos siempre al amparo de una canción: un riff de guitarra, una melodía que llega sin avisar, una letra ajena que llega, de improviso, a alojarse en el lugar exacto. Desde el rock urbano español hasta los grandes himnos anglosajones, con escapadas al flamenco, al folk y a la electrónica, la música no ilustra estos poemas: los habita.
Bocabajo y Bocarriba son las dos caras de este poemario. La primera nos acerca tanto la vida cotidiana en la urbe como los remotos parajes del outback australiano, con la mirada de quien observa lo nuevo sin dejar de sentir el peso de lo dejado atrás. La segunda es el reverso: recuerdos de infancia y juventud que aparecen al cerrar los ojos; pensamientos que no caben en ningún mapa. Juntas, forman un retrato íntimo y sin concesiones, una voz que no necesita elevar el tono para revelarse a quien ha vivido lo suficiente.
Poesía para los que viven y mueren a golpe de banda sonora.